Todos apuestan a que la innovación rescatará al mundo del estancamiento económico. No estoy tan seguro.

La medida de la importancia de una innovación depende del grado en que modifique la actividad existente o el desempeño de una función. Debe crear actividades relacionadas y complementarias que, a su vez, deriven en empleo, riqueza y otros descubrimientos en un círculo virtuoso. Debe ser longeva; tiene que poder aprovechársela durante largos períodos.

Esas características son el motivo por el que la Segunda Revolución Industrial (electricidad, motores de combustión interna, comunicaciones modernas, entretenimiento, hidrocarburos, etc.) logró elevar la productividad y el nivel de vida.

Es improbable que las innovaciones de hoy sean tan poderosas. La mayor parte de las nuevas tecnologías tiene importantes beneficios, pero no cambia de forma drástica las formas de hacer las cosas. Un auto eléctrico o autónomo no es más que un nuevo tipo de auto. No es el salto que significó el transporte motorizado sobre sus predecesores a tracción animal.

Reemplazaron relojes y cámaras simples. Incorporaron GPSy otras tecnologías específicas. Alphabet Inc. y Facebook Inc. desvían los ingresos publicitarios de diarios y revistas. Amazon.com Inc. y otras compañías de ventas online han restado participación de mercado a las firmas minoristas existentes. Netflix Inc. ha canibalizado la televisión, las tiendas de videos y los cines.

Pocas de esas compañías crean flujos de ingresos por completo nuevos. El mayor ingreso de los teléfonos inteligentes queda compensado por el menor ingreso de todos los productos que reemplazan. Los nuevos productos redireccionan el capital de inversión y no necesariamente lo incrementan, por lo menos no de manera significativa.

Es cierto que muchas innovaciones recientes han reducido costos. Pero con frecuencia lo han hecho mediante el uso de productos de menor calidad o de trabajadores no capacitados, o a través de la extracción de ingresos de activos personales.

Airbnb permite que la gente alquile su propia vivienda como alojamiento. Uber permite que la gente use su propio auto para ofrecer viajes a otros. Muchos servicios de entretenimiento o medios online dependen de colaboradores que ofrecen sus servicios gratis.

Eso genera cambios en la economía de la industria. Las nuevas tecnologías han reducido las tarifas publicitarias, con lo cual benefician a los avisadores, pero perjudican a las compañías que dependen de ellos. Uber y Airbnb han tenido el mismo efecto en taxis y hoteles al disminuir lo que ganan sus titulares.

Lo más habitual es que la competencia incrementa el gasto a través de mayores costos de expansión y adquisición de clientes, lo que extiende el período que pasa hasta recuperar la inversión y deriva en retornos pobres a largo plazo.

En resumen, hay pocos motivos para pensar que la actual ronda de innovación superará el estancamiento. Su efecto general sobre la actividad económica y el nivel de vida es menor de lo que se piensa.

El fracaso de los remedios tradicionales para restablecer la salud de las economías avanzadas ha vuelto a las autoridades –muchas de las cuales necesitan asistentes para manejar sus aparatos digitales– vulnerables al canto de sirena de la tecnología que promete una solución rápida e indolora.

Fuente: http://gestion.pe/empleo-management/no-hay-que-contar-innovacion-superar-estancamiento-2191188

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