España tiene muy buena materia prima, pero no es líder europea en innovación. La crítica, en este sentido, suele apuntar hacia las instituciones y la falta de inversión a largo plazo en proyectos puros de ciencia e innovación tecnológica. Una mirada global al mapa de la innovación española, desde la perspectiva de los centros tecnológicos, coloca otro factor en el tablero: poco cambio en la matriz fundamental de estas instituciones desde los años 90, escasa apertura de nuevos institutos en los últimos diez años, concentración de la inversión y los avances en innovación en unas pocas comunidades, y multitud de duplicidades, incluso dentro de las propias regiones. Todo parece indicar que, con la solidez con la que se ha cimentado la innovación en los sectores ya tradicionales, la tarea pendiente es dar el salto a la tecnología del siglo XXI.

Los sectores hacia los que se orienta el trabajo de los institutos tecnológicos en cada comunidad deja vislumbrar la tarea pendiente. Acorde con la iniciativa ICEX-Invest in Spain, que permite consultar la actividad de cada comunidad por sectores de trabajo, el sector agrario se lleva la palma -presente en 10 de 17 comunidades-, seguido de cerca por el energético, el logístico, el de la automoción, aeronáutica y el turismo. Destacan, en este sentido, los empeños por actualizar su base tecnológica de Cataluña, Cantabria -con la inversión en el ámbito de las smart cities, ambas, y las tecnologías móviles, la primera, y las nuevas tecnologías, la segunda- y el País Vasco, con la Industria 4.0.

La distribución de los hubs de ‘start ups’ en España es también fruto y consecuencia del heterogéneo mapa de la innovación. Barcelona y Madrid, seguidas con bastante diferencia de Valencia y Bilbao, son las «capitales ‘start up’» de España.

 

 

Fuente: http://www.elmundo.es/economia/2017/02/27/58b3fe2c46163f66168b45b9.html

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